| Monumento a Livingstone. |
| Catarátas Victoria descubiertas por: David Livingstone. |
| David Brainerd. Predicador a los indígenas. |
| D. L . Moody Tremendo evangelista. |
| Carlos Spurgeon. El príncipe de los predicadores. |
| Juan Wesley Viviendo en avivamientos. |
| La Fe |
| Hombres y mujeres de fe. |
Y después de los escritos bíblicos, hay alguien que tuviese fe?
La respuesta es: si.
Desde los primeros tiempos de la iglesia primitiva, pasando por la edad media de casi mil años de oscurantismo
religioso donde siempre hubo alguna llamita de vida y verdad en la vida de algún hombre de Dios, hasta el tiempo
de la reforma y nuestros días.
Hombres de fe que sacaron adelante el evangelio y pusieron en alto el Nombre del Señor.
Por la fe Policarpo, el obispo de Esmirna, dio su vida en la hoguera sosteniendo: “ 86 años he servido a mi
Señor y no me ha hecho sino bienes”. Luego la viuda Felicidad, estando encinta, con ochos meses de
embarazo, fue torturada y no aceptó negar a su Señor.
Clemente de Alejandría, y todos aquellos héroes de fe que en los primeros tiempos proclamaron a Jesús en medio
de la persecución causada por el Imperio Romano, época en la que tantos dieron su vida en medio de cantos y
oraciones.
Más adelante, Savonarola daría su vida por causa de la verdad; luego Lutero proclamaría que la salvación es
solamente por fe y no por gracia y colocaría sus 95 tesis en medio de un sistema religioso que proclamaba la
salvación por medio de indulgencias.
Y así va presentándose todo un desfile de hombres y mujeres que iluminarían al mundo con su gloriosa fe. Juan
Calvino, Bunyan, Juan Wesley, Finney, Livingstone, Moody, Corrie Ten Boom, Yongui Cho, Billy Graham y
tantos otros.
Savonarola proclamó sin descanzo el pecado de su generación y la solución en buscar a Jesús con todas las
fuerzas para la salvación del alma; Lutero no se doblegó ante la amenaza de muerte y los peligros que acarreaba
presentar el verdadero camino en la fe a Jesús.
Jonatán Edwards, se sometió a Dios con tanto deseo que vio su gloria y
predicó a multitudes mientras asustadas
clamaban por misericordia arrepentidos por sus pecados. David Brainer predicó
a tribus indígenas en medio de una enfermedad que no le permitió vivir más allá
de sus 29 años.
Livingstone amó tanto el África que la recorrió de lado a lado, buscando almas
para Jesús, y en su recorrido descubrió ríos y cataratas que le permitieron a los
africanos darse cuenta de sus enormes recursos . En su tumba se puede leer:
“ El corazón de Livingstone permanece en Africa, su cuerpo descanza en
Inglaterra, su influencia continua”. A su muerte los africanos le levantaron
un monumento como muestra de su amor por este hombre de Dios.
Tiempo faltaría para hablar de Moody y Finney, tremendos predicadores que
conmovieron corazones; Yongui Cho, que a finales de la década de los cincuenta
fue llamado por Dios a servirle y provocó una revolución espiritual no solo en
Corea del Sur, sino en el mundo entero. Su vida es un testimonio de lo que un
hombre de fe puede lograr.
Corrie Ten Boom no solo sobrevivió a los campos de concentración, siempre
mantuvo su fe por el Señor, predicó de su amor, y cuando concluyó la Segunda
Guerra Mundial, se convirtió en una misionera llena de amor por las almas
perdidas.
Para profundizar más en la vida de los hombres de fe, vamos a presentarles un resumen de dos vidas ejemplares:
Jorge Muller y Carlos Spurgeon.
Jorge Muller
Nació en 1805 y sus primeros años estuvieron distanciados de Dios, aunque pensaba estudiar para ministro, no lo
hacía por pasión espiritual sino como una profesión. Pero a los 20 años asistió a una reunión donde los creyentes
oraban de rodillas y esto lo conmovió profundamente.
Muller descubrió el poder de la oración y la costumbre de buscar a su Señor no lo abandonó jamás; el mismo
expresó: “ En cuanto a la oración dedico varias horas al día, vivo en el espíritu de oración; oro cuando camino,
mientras estoy acostado y cuando me levanto. Constantemente recibo respuestas. Una vez persuadido de que
cierta cosa es justa, continúo orando hasta recibirla. ¡Nunca dejo de orar…! Millares de almas han sido salvas
como respuesta a mis oraciones… espero encontrar decenas de millares de ellas en el cielo.. Lo más importante
es orar no dejar de orar nunca hasta recibir l a respuesta. He orado durante cincuenta y dos años, diariamente por
dos hombres, hijos de un amigo de mi mocedad. No se han convertido aún; sin embargo, espero que lo hagan.
¿Cómo puede ser de otra manera? Hay una promesa inquebrantable de Dios y sobre ella descanso.”
Observando tantos niños que deambulaban en las calles con hambre, tuvo en su corazón la idea de proveerles el
desayuno. Así que se reunía con grupos de pequeños callejeros a las 8 de la mañana para desayunar con ellos,
luego durante un tiempo les compartía las escrituras. Dios comenzó a proveerle a tal punto que podía alimentar a
más de 30 niños cada día.
Un día leyó el Salmo 81:10: “Abre tu boca, que yo la llenaré” y vino a su corazón alquilar una casa y abrir un
orfanatorio. Lo hizo, recibió el primer mes a más de 60 niños, Dios le suplió los muebles y el personal que sin
demandarle un centavo llevaron adelante la obra.
Cuenta que con el orfanatorio y una iglesia que había crecido en 400 miembros le quedaba poco tiempo para orar
debido al múltiple trabajo, así que por un tiempo se descuido, para descubrir que podía hacer mucho más
dedicando tiempo a la oración que no orando.
Una vez el doctor A. T. Pierson fue huésped en su casa y cuenta que una noche el hermano Muller le llamó a orar
y que su necesidad especial era que no había nada con que alimentar a los huérfanos hospedados en el orfanatorio.
Pierson le recordó que todo estaba cerrado, pero él insistió en que oraran. Lo hicieron, se fueron a acostar y al
día siguiente tenían el alimento necesario para salir adelante.
Ellos se preguntaron cómo sucedió; la historia fue que una persona fue despertada esa noche por el Señor y
motivada para que llevara alimento al orfanatorio para suplir las necesidades de todo un mes.
Grandes testimonios se han desprendido de la vida de esta hombre; por su causa miles y miles de niños fueron
alimentados y cientos de personas llegaron a conocer a Jesús, murió a los 93 años, lleno de fuerza y con sus ojos
puestos en Jesús.
Alguien le preguntó en vida, cómo podría adquirirse una gran fe, el respondió:
1. Leer la Biblia y meditarla. Se llega a conocer a Dios por medio de la oración y la meditación de su
palabra.
2. Procurar mantener un corazón integro y una limpia conciencia.
3. Si deseamos que nuestra fe crezca, no debemos evitar aquello que la pruebe y por medio de lo
cual sea
fortalecida.
Si el creyente desea una gran fe, no debe escaparse de los problemas, debe enfrentarlos en la voluntad
de Dios y
esperar paciente su completa victoria.
Carlos Spurgeon:
Spurgeon nació el 19 de junio de 1834, de padres cristianos y una herencia de antepasados dedicados al
ministerio, se convirtió a Cristo en el año de 1850. A pesar de venir de hogares cristianos, su fe en el Señor no
era profunda, pero una mañana de domingo, cuando iba a la iglesia se enfrento a una terrible tormenta de nieve y
al tener su congregación muy a la distancia se desvió a otra iglesia.
En aquella iglesia el pastor no llegó a predicar aquel domingo porque estaba enfermo, así que un humilde hermano
tomó el púlpito y dio el mensaje. Su predicación se basó en Isaías 45:22: “Mirad a mí y sed salvos, todos los
términos de la tierra: porque yo soy Dios y no hay más”.Luego penetrando su mirada al joven Spurgeon le dijo:
“Joven pareces miserable y siempre serás miserable en la vida y en la muerte. Si no obedeces el texto; pero lo si
lo obedeces ahora, en este momento serás salvo. Joven mira a Cristo Jesús, ¡míralo!, ¡míralo!, ¡míralo, no tienes
otra cosa que hacer sino mirarlo y vivir.
Aquel día Jesucristo fue levantado para el que sería en un futuro un gran predicador. A los 17 anos era pastor de
la capilla de New Park Street, Soutwark, Londres, la gente comenzó a venir, le escuchaban y comenzaron a
imprimir sus sermones como tratados que repartían entre la gente. En un año 200.000 copias de sus mensajes
fueron traducidas y repartidas en universidades y todo lugar.
Los periódicos de EUA imprimían sus sermones y le llamaban el predicador de la era.
Tenia gran amor por las almas, pero a la vez era cortante y claro, en uno de sus sermones concluyo su mensaje
de la siguiente forma: “ El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado,
pecador fatigado, pecador rumbo al infierno, aquellos que están bajo el yugo del diablo, repobados, rameras,
ladrones, adúlteros, fornicarios, borrachos, blasfemos. Hablo a ustedes como a todos. No hago excepción de
hombres. Dios no ha hecho excepciones aquí. Todo el que crea en el nombre de Jesucristo será salvo. El pecado
no es barrera, la culpabilidad no es obstáculo. Todo aquel, aunque sea tan oscuro como Satán, y tan culpable
como un demonio- todo aquel que esta noche crea, será perdonado de sus pecados, sus iniquidades serán
borradas; será salvo en el Señor Jesucristo, y estará en el cielo salvo y seguro. Este es el glorioso evangelio. Dios
te lleva al hogar y te da fe en Jesús.”
“El Señor es exaltado cuando una iglesia comienza a suspirar y llorar en la presencia del Señor. Espero que el
poder del Señor no nos esta abandonando en ninguna medida aquí, pero es mi apuro, mi celo, no sea que en
alguna manera se aparte de nosotros - no sea que el espíritu de oración se nos vaya- no sea que el amor a las
almas nos deje y no habrá conversiones abundantes en la iglesia.
Yo creo que cualquier tiempo que Dios envía la prosperidad a la iglesia y que algunos de los miembros empiezan a
atribuir el suceso a ellos mismo, es casi cierto que se ira la bendición. Dios no bendecirá a obreros orgullosos, la
pesca no es para ti ni para tu orgullo, es para el gran pescador, Cristo Jesús.
Ante esta nube de testigos, no encontramos otro camino que vivir en por fe, y entender que ello es el único
camino para experimentar la gloria de Dios.
Por ello, despejémonos de todo peso y cualquier pecado que nos asedie y corramos hacia adelante, puesto
los
ojos en Jesús el autor y consumador de la fe. Hebreos 12:1-3.