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Es incredible !
Jesús dijo a sus discípulos: De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo dará.
Todo, todo lo que pidas puede ser dado por nuestro Padre celestial. Jesús nos invita, nos reta con gran gozo a que
probemos pedir y como resultado obtendremos respuestas.
Hay personas que limitan el poder de Dios y piensan que no es posible recibir grandes cosas y que nuestro esfuerzo
debe estar primero antes que todo para obtener lo que anhelamos, sin embargo, muchas cosas no están al alcance
de nuestro esfuerzo, solo se pueden lograr por el poder de Dios.
Piense en una meta, su esfuerzo cuenta, pero si Dios va con nosotros tenemos la confianza de que podremos llegar,
si estamos en su voluntad.
Y qué sucede cuando algún ser querido se nos enferma? Hay casos en los que con seguir una sencilla medicación
saldremos adelante; pero también hay casos en los que solo un milagro de Dios puede dar sanidad al enfermo. Por
ello es que todos, sin importar denominación, cuando enfrentamos la enfermedad o algún conocido pasa por un
tiempo difícil de enfermedad, pedimos oración en la iglesia y a aquellos hermanos que oran.
Si no esperáramos un milagro, una respuesta, sería vano pedir oración; de hecho si pedimos respaldo en oración es
porque sabemos que Dios todo lo puede y esperamos que su mano se extienda. De hecho pedimos oración por que
creemos que él es Todopoderoso.
Y en la administración de la iglesia, o la misión que se nos permite desarrollar, sea como pastores, maestros,
miembros de algún comité, líderes de algún grupo; sabemos que aquellos que se dedican a orar, tendrán éxito, por la
sencilla razón de que están buscando el respaldo divino de constante.
De hecho un servidor fiel a Dios es aquel que reconoce su debilidad y depende del poder de Dios, 2 Corintios 4:7-10;
es aquel que sabe que si Jehová no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican, Salmo 127:1; es aquel que
entiende que separados del Señor nada podemos hacer, Juan 15:4.
Así que la invitación del Señor es: pedid. Hasta ahora nada habeís pedido en mi nombre, -agrega- pedid y recibireís
para que vuestro gozo sea cumplido. Juan 16:24.
En el año 1995 tuvo una experiencia que cambió mi vida de oración. Como pastor siempre estoy orando por todos los
miembros de la iglesia, los planes, los problemas de las personas, la situación de mi país, por todo. Recuerdo una
vez que después de orar me quedé por un momento meditando y de pronto vino a mi corazón una realidad:
Yo estaba orando por todos y por todo, pero mi vida no estaba bien. No tenía bachillerato, no manejaba la
computadora, no tenía un grado académico, no poseía ahorros, muchas cosas que predicaba a los demás para que
se esforzaran pero yo no lo tenía.
Me di cuenta que mi vida no era ningún ejemplo; era cierto que predicaba la palabra con todo el celo de Dios en mi
corazón, amaba la congregación, me guardaba para Dios y estudiaba la palabra con esa sed que cada día crece más.
Hoy todas estas cosas persisten, pero en aquel tiempo, muchas cosas en las que motivaba a otros, estaban
ausentes en mi vida.
Esa noche hice una hoja de peticiones, en una columna escribe la fecha en la que pedía cada necesidad, en la otra
mi necesidad y, en la tercera columna, el día de la respuesta.
Anoté varias cosas:
Tener el bachillerato, ( en Estados Unidos es la High School), un grado académico, manejar los programas de
computación básicos, salir del país, una libreta de ahorros, ropa y otras cosas que por descuido no tenía.
En menos de tres años había sacado el bachillerato, tenía computadora en mi casa y manejaba la mayoría de
programas de computación, había salido del país, tenía una libreta de ahorros y estaba logrando un montón de cosas
más.
Me di cuenta que pedir era el secreto para recibir, pero escribir las peticiones me permitía ser claro en lo que
deseaba, y aquella columna en blanco en la que escribía las respuestas divinas, me mantenían a la expectativa de
la respuesta de Dios, que tarde o temprano vendría.
Esa lista estaba ante mis ojos cada día, en los momentos de devoción personal y me mantenía perseverando por
cosas específicas; este sistema afirmó mi fe, me fortaleció y me enseñó uno de los secretos para recibir las
respuestas.
Jesús dice pedid, es pues el momento de pensar en lo que necesitas, no tomando en cuenta tus recursos o
posibilidades, sino el poder de Dios. Pide y recibirás.
Para ello, te comparto ese método de fe que te permitirá anotar el día en que empezaste a pedir, tu petición en la
segunda columna y la respuesta que vendrá, en la tercera columna.
Es cuestión de entender que la fe no es algo complicado, es un camino sencillo, de hecho todos tenemos una
medida de fe, ningún cristiano puede decir que no tiene fe, porque si se encontró con Jesús es por que le ha sido
dada una medida de fe.
Ahora, ¿Cuánta fe necesito? La Biblia que si tuvieres fe como un grano de mostaza.
El grano de mostaza es solo una pequeña semilla, pero al crecer se convierte en
una gran mata que supera a las demás.
Solo necesitas un grano de mostaza, solo necesitas la fe de un niño y las cosas sucederán.
La Biblia dice que si no nos hacemos como niños no veremos el reino de Dios; el reino de
Dios es poder, es andar por encima de las circunstancias, es ver la mano divina en todo lo
que hacemos.
Un niño no cuestiona, cree. No hay nada peor que mentirle a un niño; cuando le prometes
algo, lo espera con ansias; porque cree en los mayores. De la misma forma que un niño,
nosotros debemos creer en nuestro Padre y aceptar todas las promesas que están en su palabra.
Vamos, es el momento de pedir para recibir. Dilo dentro de tí: “Pedir para recibir”.
Dilo con los labios abiertos: “Pedir para recibir”.
Dilo con tu corazón: “Voy a pedir para recibir”.
Usa el siguiente esquema y haz una hoja parecida a la siguiente, recuerda que en la primera columna solo pones una
fecha, la misma en que comenzaste a pedir tus petición, si otro día piensas en otra cosa, pon la fecha y comienza
pidiendo; en la segunda columna anota tu petición y en la tercera, déjala en blanco para el día especial en el cual
recibas la respuesta; ese día celébralo delante de Dios con acción de gracias y anota la fecha.