“Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será
hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. “ Marcos 11:23.
Confesar implica decir lo que creemos, lo que pensamos, aquello que anhelamos o esperamos.
Abraham se fortaleció en fe dando gloria a Dios por que estaba convencido de que recibiría lo que se le había
prometido. Romanos 4:18.
Job recibió pruebas tremendas y sufrió en su propio cuerpo la enfermedad, pero en ningún momento dudó, al
contrario, confesó la existencia y el poder de su redentor. Job 19:25-27.
Jesús expresó a quienes le escuchaban que cualquiera que dijere a un monte, quítate y échate en el mar sin dudar lo
que dice, lo que diga será hecho por Dios. Marcos 11:23.
Dos secretos hay aquí para obtener lo que se desea: Confesar, decir, expresar lo que se desea y no dudar en el
corazón. Expresar lo que necesito con fe es el secreto.
Dios cambió los nombres de Abraham y Sara para que se llamaran distinto, los nombres puestos poseían la palabra
de fe que tenían que confesar para obtener las promesas divinas. El nombre de Abram significa padre enaltecido,
pero ese nombre no decía nada en cuanto al plan celestial, por eso le puso Abraham que significa padre de
multitudes, pues de su descendencia saldría un nación y miles de personas, tantas que no podrían ser contadas.
Génesis 17:5-6.
El nombre Sara significa princesa, ese era el nombre puesto por Dios . Génesis 17:15. Era necesario llamarla así, a
pesar de su edad; pues ella tendría un hijo y Dios renovaría su fuerza para dar a luz.
La gente escuchaba a Sara llamar a su anciano esposo: “ Padre de multitudes”, y se burlaban, pero con ese nombre
estaban confesando con fe, de constante, a cada rato, el cumplimiento de la promesa divina. Abraham llamaba a su
esposa: “ Princesa”, que implica juventud, vigor, fuerza; los demás reían; posiblemente pensaban que esa pareja de
ancianos se había vuelto locos; pero ellos no hacían más que expresar la palabra.
Tú tienes el camino de seguir confesando tus males, tus sentimientos negativos, tus temores; o llenarte de
confianza y confesar lo que dice la palabra de Dios.
No mires tu condición negativa, no escuches las cosas negativas que los demás expresan; quita de tu mente esos
sentimientos de derrota, inferioridad y culpabilidad que te apresaron desde que eras pequeño. El tiempo ha llegado
para creerle a Dios y hablar con fe todo aquello que el declara en su palabra.